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¿Recuerdan cuál es el plan para combatir el desempleo?

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Es casi seguro que gran parte de nosotros de algún modo siempre ha querido cambiar el mundo de como lo conocemos, que de niños soñábamos con erradicar las desigualdades que aquejan de manera constante a las clases sociales más vulnerables, pero que de grandes fuimos olvidando en cierto grado parte de ese sueño.

Vivimos atrapados en las limitaciones que ya son propias de una persona adulta promedio (que van variando de acuerdo al alcance económico), saturados, concentrados en sobrevivir, es lo que nos queda, pero… ¿Qué ocurre con aquellos que llegaron a alcanzar un peldaño más en la escala económica/social? ¿Cómo lo hicieron y para qué?

No vamos a reflexionar de manera extensa sobre esos cuestionamientos en este texto, pero si es muy importante que cada uno de nosotros realice el ejercicio constante de buscar preguntas y respuestas en donde solo quede el silencio, buscar el “porqué” de tantos problemas surgidos durante la pandemia, de las consideradas “deudas históricas” y entender cómo están siendo sobrellevados por quienes llegaron a un nivel más elevado a través de las elecciones “populares”. Detengamos un momento para observar cuestiones más próximas y urgentes como lo son: La precariedad laboral, la necesidad de ingresos por persona y el “plan de generación de empleos”.


En Paraguay más de 200.000 personas se encontraban desempleadas antes del inicio de la pandemia según datos de la DGEEC, luego otras 140.000 se vieron afectadas acordes iban pasando los meses. Si bien el índice de desempleo desde siempre fue preocupante por ser parte de “la deuda histórica”, muchos otros se vieron obligados a aceptar precarizar sus condiciones de modo a no quedar colgados a la suerte (Aumento de horas por jornada, recortes salariales o suspensiones de contratos).

Superamos 120 días de cuarentena con empresas ajustando sus presupuestos, con trabajadores que deben elegir entre llevar largos y tediosos procesos judiciales o aceptar las condiciones mencionadas en el párrafo anterior, pero lo que es peor, una gran parte de la población joven sigue pendiente del Pytyvo como único ingreso posible para subsistir.

No sabemos cuándo va a terminar esta catástrofe financiera, pero si podemos precisar que la oferta laboral va quedando muy reducida en comparación a la demanda, es decir, a la cantidad de personas en edad productiva que fueron dejadas de lado. Sin investigar demasiado podemos decir que muchos jóvenes tienen gastos mensuales por cubrir como: El alquiler, los servicios básicos, deudas por préstamos anteriores o posteriores al inicio de la pandemia y más. Muchos podrían estar ingresando a los registros de INFORMCONF o, recurriendo a la usura como última alternativa, todo mientras se aguarda al inicio del “Plan de reactivación financiera”.

¿Cuál es el plan de reactivación?

Parece ser que todo recae en la construcción de obras viales y de viviendas, obras temporales que no garantizan la estabilidad económica a futuro para quienes accedan a trabajar en ellas.

La idea de mover la economía en torno a los pequeños comercios que podrían ser montados en los alrededores de las obras, mediante avancen las ampliaciones de rutas, podría resultar de manera favorable, pero: ¿Qué tanto dinero podría circular en esas zonas lejanas y con poblaciones reducidas como por ejemplo en el chaco? ¿Es acertado ese enfoque?

Por otro lado resulta más que importante construir viviendas sociales, siempre que sean destinadas a aquellas personas o familias que no puedan acceder a condiciones optimas para el hogar o, que se vean obligadas a vivir en alquiler. Pero al final de las obras: ¿Quiénes accederán a ellas? ¿A caso no deberán ser adquiridas con pagos mensuales por quienes hoy se encuentran sin ingresos?

En fin, seguimos aguardando al inicio de dicho plan, mientras tanto nuestra economía desfallece. Buscamos respuestas y soluciones, pero solo nos encontramos con los “kilómetros de rutas por ser hechas” como justificación de lo que parece ser una ineficiente planificación ante el crítico estado de los ciudadanos.

Y ni mencionemos la crisis presente en el sector agrario, los olvidados de siempre, será tema para otro artículo.

 

José Ignacio Melgarejo – Periodista del Grupo Venus.

Actualidad

¡Paraguay en llamas!

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Vivimos en un país en donde la temperatura por lo general se encuentra entre los 30 y 40 grados Celsius sea cual fuese la estación del año, nos acostumbramos al calor en exceso, y lo que es peor, nos intoxicamos día tras día con los gases tóxicos emanados por diferentes quemazones que se van produciendo en varios puntos del territorio paraguayo.

Solo una semana atrás celebrábamos la llegada del “Frío Polar” con bajas temperaturas que dejaron el ambiente en un punto agradable, pero hoy la realidad es totalmente distinta. El intenso calor, las llamas que consumieron gran parte del banco San Miguel, más la densa humareda que se extiende por encima del centro capitalino demuestran claramente que carecemos de programas que promuevan la protección del medio ambiente.

Durante la semana pasada todos nos hicimos eco del voraz incendio originado en el Banco San Miguel con 300 hectáreas que quedaron consumidas casi por completas pese a los esfuerzos de los miembros del cuerpo de bomberos voluntarios, hoy diferentes zonas del bañado sur pasan por lo mismo. Todos los focos se dieron de manera intencional según informes de la Secretaría de Emergencia Nacional, lo que ya generó críticas de diferentes sectores como la del mismo presidente:

“Vamos a ser absolutamente implacables en el castigo a aquellos que no cumplen con la ley y de manera irresponsable causan estos daños irreparables y difíciles de controlar a la naturaleza”, expresó.
De acuerdo con el último reporte de la SEN, son cerca de 3.200 los focos de calor en todo el país, de los cuales 950 se encuentran en el Departamento de Presidente Hayes, quedando este como el más afectado. Focos de incendios producidos por la sequía según palabras de Mario Abdo, que a su vez son el producto de diferentes golpes sufridos por nuestro ecosistema desde varios años atrás y de manera silenciosa.


Hace varios días salió a luz un informe del Instituto Ambiental de Estocolmo, que señala que Paraguay tiene un riesgo de deforestación de 734 hectáreas por cada 1000 toneladas de carne vacuna exportada, ubicando a nuestro país entre los que más deforestan en el mundo para la producción cárnica, de ese modo entonces nos encontramos con más de 183.500.000 hectáreas deforestadas al año si tomamos en cuenta el promedio anual de exportación que supera las 250.000 toneladas.

“La industria ganadera paraguaya está impulsando la peor deforestación que se haya visto en el mundo”, dice el informe.
Paraguay es el segundo país más deforestador de Sudamérica, según el sistema satelital Global Forest Watch (GFW).

Centramos toda nuestra atención en los sucesos relacionados a la pandemia pero decidimos ignorar el llamado de la madre naturaleza. Como ciudadanos consientes del cambio climático y de las consecuencias que este va dejando es necesario que seamos bien críticos.

“La zona del gran Chaco paraguayo es la que sufrió la mayor destrucción de cobertura arbórea en el 2019 abarcando el 78% de todo lo que se deforestó en ese año, es decir, 244.324 hectáreas. Este lamentable delito, se viene sosteniendo en estos últimos años en el Chaco, que ha sufrido una gran deforestación muy preocupante ante la total impunidad al respecto”, publicó el senador Carlos Filizzola en su cuenta de Facebook.

Siguiendo con los datos de dicha publicación podemos ver que Paraguay tiene el quinto lugar en Sudamérica, como el país que más ha destruido sus bosques primarios. Solamente en el año 2019 perdió 50.800 hectáreas. El 93% de la pérdida de masa forestal se dio por actividades ligadas a la producción de materia prima como la carne vacuna, la soja y la madera.

En nuestro país existen leyes ambientales que no son aplicadas, lo que permite que la impunidad siga presente entre los responsables de dañar al ecosistema. Como respuesta a este informe de Estocolmo, el Gobierno emitió un comunicado en el cual desmiente sobre lo que ocurre realmente en nuestro país.

José Ignacio Melgarejo – Periodista del Grupo Venus Media

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Noticias

¿Qué tanto hacemos como país para controlar la pandemia?

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A más de 160 días de haberse decretado la cuarentena, y modificada en diferentes fases, es inevitable que nos cuestionemos sobre todas las acciones que fueron tomadas para evitar que sigan aumentando los casos, tanto por las autoridades públicas, como por los ciudadanos en general.

Vayamos por parte y seamos directos; Siempre se nos ha dicho que sigamos con las medidas sanitarias, mantengamos distancia y evitemos las reuniones sociales. También que nos consideremos de por sí como potenciales “asintomáticos”, o Covid positivo, para que evitemos circular por diferentes puntos del país. Pedidos fáciles, pero que no pasan de ser palabras vacías ya que va ocurriendo lo contrario y todos somos responsables.

Para empezar podemos criticar todos los recorridos “Marketeros” del presidente Mario Abdo por varios departamentos del país -hoy por Canindeyú, la semana pasada por Caaguazú, Paraguarí y San Pedro- donde se lo ve siempre rodeado de mucha gente, inaugurando calles empedradas y muchas otras obras menores que no deberían ser merecedoras de actos presidenciales para su puesta en funcionamiento, es decir que Abdo no debería estar realizando dichos recorridos por dichas obras y menos en plena pandemia. Es más, debería resaltar las recomendaciones del ministerio de salud antes que hacer todo lo contrario.

Ya es de conocimiento público la renuncia del ahora ex Viceministro de Atención Integral a la Salud, Juan Carlos Portillo, por haber incumplido las normas sanitarias al participar de una fiesta privada sin distanciamiento, ni el uso de tapabocas. Todo un ejemplo personificado de la conocida frase que dice “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.

 

 

En tercer punto debemos apuntar a la relación existente entre el sector obrero/patronal y a los protocolos adoptados por los mismo. Resulta fundamental que en plena pandemia los empleadores flexibilicen ciertas tareas de sus trabajadores para no exponerlos, tales como: La implementación de cuadrillas semanales, teletrabajo de no ser necesaria la presencia física (o home office), y el suministro de insumos sanitarios como mínimo. Por su parte el trabajador debe asumir el compromiso moral de respetar las medidas sanitarias dentro y fuera del lugar de trabajo.

Como ciudadanos también somos responsables directos de esta curva ascendente. Con más de 13.000 casos confirmados y 205 fallecidos hasta la fecha, no podemos solo seguir culpando a las autoridades de salud, y del gobierno en sí, por la falta condiciones hospitalarias y ejecución presupuestaria. Ya debemos asumir que no hay infraestructura sanitaria suficiente y que sobrevivir depende plenamente de nosotros mismos.

Debemos ser conscientes de que el virus sigue exponiendo a cada uno y a nuestros seres queridos, por lo que resulta fundamental que nos adaptemos a este modo de vivir con las medidas preventivas y el distanciamiento adecuado. No es momento de escalar cerros, ni mucho menos de realizar fiestas masivas por cumpleaños o casamientos, porque mientras uno se la pasa viviendo en joda otros la vienen remando con el temor de incluso subir a un trasporte público o, perder su puesto de trabajo.

No seamos prisioneros, pero tampoco seamos parte del problema ¿queda claro?

Sabemos que los trabajos de contención no son exactos, hasta podríamos decir que están improvisando con los protocolos sanitarios que parecen ir variando de acuerdo a las posibilidades económicas por ciudadano, mismo fenómeno que se presenta en el ministerio público con las imputaciones selectivas.

 

 

Por último, es necesario que las autoridades competentes se pongan a trabajar en una urgente campaña comunicacional de conciencia sobre el avance del covid-19. Contamos con un ministerio de información, MITIC, que hasta la fecha no ha justificado su ascenso de secretaría, ex SICOM, a lo que es hoy. Por ejemplo, dicha cartera recibió del BID más de 130 millones USD en 2018 para elaborar un novedoso sistema de conectividad, lo que sigue siendo una utopía, pero hubiese sido de gran ayuda en esta que parece ser una nueva era.

Dicen que nos cuidamos entre todos pero sin embargo siguen aumentando los casos… Imaginen lo que será si empezamos a bajar los brazos.

José Ignacio Melgarejo – Periodista del Grupo Venus Media.

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Opinion

Mario Abdo Benítez: Del discurso anti “populista” a la confusión

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Mario Abdo aprovechó su visita del jueves pasado al Chaco para realizar un descargo por las críticas surgidas luego de que los 43 diputados que tiene a disposición hayan aceptado su veto parcial al proyecto de exoneración de facturas de la ANDE y ESSAP.

“Aprovechando la presencia de los medios de comunicación quiero decir una verdad que muchas veces no se dice”, fue el enunciado de inicio, luego agradeció a “La cámara de diputados” -que en realidad está compuesta por 80- el haber rechazado el proyecto que ya contaba con media sanción del senado.


Destacó que desde el ejecutivo ya han esquematizado un plan de contención a las familias “más vulnerables” a través del decreto de la ley de emergencia y que no era necesario elaborar una nueva ley que se centre en la problemática energética ciudadana. Siempre hablando en tercera persona lo que prácticamente nos dice que no es el quien toma las decisiones, sino quien las trasmite y hace cumplir.

“Les digo a los sectores más vulnerables que de los 1.600.000 usuarios de la ANDE, 1.200.000 no pagaron ni un solo guaraní este mes, que son más del 80% de usuarios, que no pagaron y no van a volver a pagar el próximo mes sus facturas, aquellos que tienen el menor consumo y realmente merecen un brazo solidario del estado paraguayo”.

Resaltó enérgicamente que las críticas o “discursos populistas y demagógicos” solo buscan desacreditar los trabajos que ya supuestamente han sido previstos y están siendo realizados, pero al final no dejó bien en claro en qué consiste:

“Ya hemos previsto la exoneración de facturas, no hizo falta ninguna ley, se hizo un análisis porque yo puedo pagar mi ANDE y mi agua y hace falta ese sacrificio como ciudadanos responsables y solidarios con este momento difícil, y hay muchos que podemos pagar nuestra ANDE. Lo que hizo el poder ejecutivo es direccionar esa asistencia para los sectores que realmente no pueden y no tienen la capacidad de pagar, y los que podemos pagar que seamos solidarios y paguemos porque al final esta deuda lo pagamos todos los paraguayos”, textualmente discurseó.

Como tirando varias ideas sin poder cerrar una, Abdo aprovechó para recalcar con sus palabras que harán caso omiso a todos los reclamos ciudadanos que van y vayan surgiendo por facturas sobrecargadas, que el servicio de cobranza sería regularizado en septiembre y recordó que la deuda “la pagamos entre todos”. Un final tan acertado si recordamos los 1.600 millones de dólares.

Como argumento a sus palabras usó de ejemplo a los sectores de la construcción diciendo que como no pararon de trabajar si van a poder pagar sus facturas, pero al parecer olvidó que no son ellos los únicos ni los más afectados.
“Si el presidente miente la gente no le va a creer, si los medios mienten la gente no les va a creer, y si los políticos populistas mienten la gente solo les va a creer unas horas”, aseveró.


Como cierre pidió tranquilidad a los usuarios mencionando que hubo una gran confusión y manipulación mediática sobre el tema, pero si atendemos bien sus palabras podemos ver que fue él quien terminó causando una mayor confusión.

Pasaron dos años desde que Mario Abdo Benítez asumió la presidencia de nuestro país y de momento no hemos sido testigos de indicios que demuestren mejoras en las políticas públicas, es decir, de trabajos realizados con el fin de optimizar las condiciones de todos los ciudadanos y no solo de quienes pertenecen a las clases más privilegiadas.

Nos encontramos con un poder ejecutivo totalmente alejado de las realidades sufridas por quienes se mueven en buses en plena pandemia, o quedaron sin ingresos para pagar sus deudas y alimentos, entonces ¿Puede una persona que no siente ni comprende los pesares cotidianos seguir al frente de un país descuidado y dolido durante los próximos tres años?

La respuesta ya la conocemos, pero a esta altura del actual periodo de gobierno va quedando más que claro que no es el propio presidente quien mayor temor genera, sino quienes lo rodean.

“No me voy a rendir ni ante la crisis política, ni ante la pandemia. Nosotros somos los guerreros de Dios y no nos vamos a rendir”.

 

José Ignacio Melgarejo – Periodista de la Unión 800 AM.

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