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‘Snapchat dismorfia’: el peligroso trastorno de personas que quieren parecerse a sus ‘selfies’ con filtro

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Hablamos sobre el último –y muy peligroso– trastorno de autopercepción, uno de los de mayor crecimiento, sobre todo entre las personas jóvenes, en la actualidad.

¿Influye nuestro aspecto en nuestro bienestar y la salud mental? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir el aspecto deseado? ¿Qué consecuencias tiene el abuso continuado de los filtros de Instagram o Snapchat?

Según la encuesta ‘Consumer Beauty Insights’, impulsada por Allergan Aesthetics, un 95% de los españoles cambiaría algo de su físico. Los encuestados españoles estarían de acuerdo con cambiar algo de su rostro (68%), algo de su abdomen (65%), y mejorar la calidad de la piel (47%) a través de tratamientos médicos no invasivos, es decir, con procedimientos médico-estéticos.

La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) señala que el número de tratamientos médico-estéticos ha aumentado un 5,4% desde 2016, alcanzando el 35,9% de la población.

Tradicionalmente, los retoques estéticos solían realizarse en personas de avanzada edad que buscaban paliar los signos del envejecimiento, pero en el estudio choca la entrada de un ‘target’ mucho más joven que se somete a tratamientos estéticos para mejorar su autoestima y utiliza, principalmente, internet y las redes sociales para informarse. Esto, según explican desde la SEME, se debe a la difusión de la medicina estética en plataformas como Instagram y la influencia que tienen estas sobre los jóvenes.

El doctor Fernando Urdiales, especialista en medicina estética, señala que “el creciente interés por la medicina estética viene en pleno ascenso desde hace ya unos cuantos años. Los pacientes conocen o han oído hablar de diversas técnicas que permiten mejorar el aspecto tanto a nivel corporal como facial sin efectos adversos ni riesgos apenas de ningún tipo, evitando siempre procedimientos agresivos o quirúrgicos. Esto, quizás, sea la clave. Todos los pacientes, en general desean mejorar su aspecto y consultan por ello, incrementándose cada vez más el número de consultas de estudio previo en hombres”.

¿Pero qué implicaciones pueden llegar a tener en la autopercepción, autoestima y tipo de tratamientos solicitados el constante bombardeo de imágenes filtradas en las RRSS y el retocado permanente de nuestros ‘selfies’? ¿Pueden los filtros causar adicción? La respuesta, por desgracia, es sí.

‘Snapchat dismorfia’: qué es y por qué es tan peligrosa

“Doctora, quiero verme igual que cuando me pongo este filtro” es una frase que se oye mucho en las consultas últimamente. De hecho, cada vez más se habla de la ‘Snapchat dismorfia’, el último y muy peligroso trastorno de autopercepción, uno de los de mayor crecimiento, sobre todo entre jóvenes, en la actualidad.

Es un problema muy preocupante. De hecho, Inglaterra ha prohibido los tratamientos con bótox y ácido hialurónico en los menores de 18 años, en respuesta al aumento de intervenciones registradas el último año…

“Snapchat fue la primera red social en incluir filtros. De ahí el nombre de ‘Snapchat dismorfia’”, explica la doctora Sofía Ruiz de Cueto, de Clínica Mira + Cueto, quien ha realizado una extensa revisión de lo publicado a nivel científico sobre este nuevo trastorno. Según todos los datos, es uno de los principales responsables de que en los últimos años haya aumentado en un +24% el número de pacientes de entre 18 y 24 años que recurren a la medicina estética. Muchos de ellos móvil en mano y con sus fotos retocadas vía filtro de RRSS como forma de mostrar al médico el aspecto que les gustaría alcanzar y mostrar también en su vida real…

“Todo, al parecer, empezó con unas inocentes orejitas y nariz de ardilla que se hicieron virales y todo el mundo empezó a usar en Snapchat”, explica la doctora Mar Mira, de Clínica Mira + Cueto. “Pero con las orejas venía algo más de serie: una especie de efecto buena cara colateral que acabó por convertirse, para muchos, en el principal motivo para usar ese filtro. Aunque no fue hasta que aparecieron los filtros ‘beauty’ per-sé cuando se disparó el fenómeno. Kim Kardashian (con su particular ideal estético basado en la desproporción antinatural de ciertos rasgos: nalgas y pecho pronunciados, cintura minúscula, labios ultravoluminosos…) fue una de las máximas ‘impulsoras’ de la tendencia de ‘tunearse’ en cada foto de sus redes. Nos empezamos a acostumbrar a ver ‘celebs’ e ‘influencers’ con apariencia de dibujos animados, casi hologramas: antes era el Photoshop, pero era más puntual, en campañas, reportajes… Hoy es masivo: está ahí cada vez que miras el móvil: cientos de miles de fotos de pieles imposiblemente perfectas, pómulos que desafían la gravedad. Ni un defecto, labios ‘respingones’, nariz perfilada…”, añade la experta.

No pasó mucho tiempo hasta que jóvenes –y no tan jóvenes– se apuntaron a esta tendencia. El problema llega cuando uno ya no quiere verse de otra forma y busca trasladar ese efecto a la realidad. Los filtros han democratizado el que cualquiera pueda verse como una especie de dibujo animado ‘sexy’, como Jesssica Rabbit e incluso una Barbie, con esas proporciones irreales…

Ojo con los filtros

Varios estudios señalan que el 55% de los cirujanos plásticos estadounidenses reconocen un aumento del número de pacientes que acuden a su consulta porque quieren parecerse más al reflejo de sus filtros. Nuestras expertas explican que “diversos estudios científicos confirman que el abuso continuado de los filtros en RRSS, sobre todo cuando hay falta de madurez y problemas de autopercepción o autoestima, puede desembocar en una verdadera adicción al efecto que proporcionan dichas ‘máscaras digitales’ y, como consecuencia, se genera una obsesión o compulsión por encontrar ‘soluciones’ vía intervenciones estéticas para tratar de replicar en la vida real ese aspecto”.

“Los médicos tenemos la obligación deontológica y moral de buscar vías de detección temprana y de tratar de frenar esos comportamientos que pueden resultar altamente nocivos. Se ha descrito que algunas de estas personas llegan al aislamiento social, vivir solo a través de las redes, encerrarse en casa y abandonar cualquier tipo de relación para no ser visto con el rostro y cuerpo real; dejar de mirarse al espejo y, en los casos más severos, ansiedad, depresión, autolesiones e ideas de suicidio. Todas son posibles consecuencias de acostumbrarse a verse o a que le vean a uno solo con filtros. Esta situación se agrava si el médico al que recurren no detecta el trastorno y pretende alcanzar expectativas irrealizables. El resultado nunca es satisfactorio y la obsesión y desesperación se multiplican”, añaden.

Por suerte, también hay famosas que rompen una lanza a favor de la belleza natural y de la aceptación corporal. La ‘influencer’ y periodista Danae Mercer, por ejemplo, desmitifica el postureo ‘slim’ y nos desvela los trucos que se esconden tras las imágenes perfectas que vemos en redes.

 

Fuente: Cosmopolitan

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